¿Cómo es la relación con nuestra vida?

La vida es lo que es, sin duda es y sucede (nos sucede). Somos nuestra vida, nada de lo que nos ocurra o se nos ocurra está fuera de ella.

Si tuviéramos la posibilidad de preguntarle a un sector de la población cómo se siente con su vida, si están contentos con ella, si la disfrutan, si la consideran un don, si están agradecidos con el hecho de estar vivos ¿qué respuestas suponen que obtendríamos?

Yo creo, a mi modo de ver, que salvo excepciones, lo más probable es que registrásemos sólo quejas.

Lo que yo veo actualmente es que la gente se lleva mal con la vida, se enoja cuando no le da lo que espera o cuando le quita lo que tenía, o cuando conseguir y conservar lo que tienen les resulta más difícil de lo que esperaban.

Es que la vida es imprevisible, la vida no se explica. Si se explica, deja de ser vida. Vivirla es lo que nos queda pero no como un último recurso sino como un desafío a luchar por lo que uno moderadamente quiere. El problema aparece cuando no sabemos hacia dónde vamos ¿cuál es el sentido de nuestra vida? Si no podemos contestar a esta pregunta puede ser un tanto peligroso porque como manotazo de ahogado podemos elegir no vivirla, simplemente subsistimos aunque creamos que la estamos viviendo a full.

 

La cultura, la sociedad en que nos encontramos no nos ayuda a encontrar ese oriente, ese pinto de vida de nuestra existencia, porque ella está quebrada por preferir lo inferior, lo que no satisface que es precisamente lo económico, lo material. Preferimos lo inferior en vez de lo superior que es ir hacia adentro ¿y esto qué es? Nada más y nada menos que prepararnos con pequeños esfuerzos, caídas y poder decir cada mañana al levantarnos “hoy nazco de nuevo”.

 

Lo que además creo y estoy convencida es que la vida resulta ser una gran paradoja: cuanto más disconforme estemos, peor nos sentiremos en ella y si, por el contrario nos llevamos bien, experimentamos bienestar, independientemente de que la vida cumpla con nuestras expectativas ¿no son acaso, la mayoría de las veces, caprichos nuestras expectativas? ¿nos pusimos a pensar en eso? Queremos esto o aquello: estar siempre jóvenes, no tener ninguna arruga, que no pasemos privaciones de ninguna índole: en nuestras relaciones sociales, en nuestro trabajo, etc. todo tiene que estar okay. Pero es una utopía, esto no es la vida porque en primer lugar, la sociedad y la cultura están quebradas como dije anteriormente, nadie nos proteje, nadie nos ampara. Que sólo haya ruido, circo. Y así, cada uno se la tiene que arreglar como puede y esto eleva al individualismo. En segundo lugar, no debemos esperar desde afuera que las cosas se ordenen y nos hagan sentir bien. El orden, amigo lector, se establece desde adentro, cuando con humildad voy reconociendo que no soy el centro del mundo (esto es egolatría) que lo que haga cualquier trabajo que sea tengo que saber que es un regalo que Dios nos hizo y que en cualquier momento puede -¿porqué no?- desaparecer ¿Por qué? Porque no somos duelos de nuestra vida. Y aquí me parece que está el quid de la cuestión, creemos ser dueños de nuestra propia vida: que nadie nos mande, que no haya ninguna autoridad superior que me diga lo que tengo que hacer. Sólo quiero vivir las emociones a ultranza y que nadie se interponga en mi proyecto. Porque ése es mi único proyecto. Pero ¿no nos parece que ese es un proyecto superficial, egoísta y caprichoso? Algunos podrían decir que no, que no es así, que puedo hacer lo que quiero. No olvidemos que la vida tiene su orden, nada está librado al azar y cuando realmente coincide ese orden de la naturaleza con el orden que supuestamente debo tener yo en mi cerebro ahí, justo ahí, nos reconciliamos con la vida y nada nos puede quitar la alegría de querer ser vivida plenamente ¿por qué? Porque simplemente tengo que tener presente que no soy “algo”, sino “alguien” que tiene una vocación, un proyecto. Sólo se necesitan las ganas de realizarlo, es decir, tener entusiasmo.

 

Las ganas son el combustible para saber vivir la vida. Pero no es cuestión de “saber” en cuanto a conocimiento sino de saber con el corazón. Para eso tengo que trabajar día a día, codo a codo la autoestima. Por más que haya personas que aparentemente sean avasalladoras y me “inferioricen” yo puedo (hablando en tiempo presente) si me quiero con un amor ordenado ir trabajando la autoestima ¿cómo? A través de pequeños esfuerzos justamente en aquellas cosas que más me cuestan -así obtengo libertad interior- de manera que esto que estamos considerando me lleva a decir que nuestro desafío es querer, simplemente querer, el querer de la voluntad de ser mejor persona cada día y eso nos dará la posibilidad de conocernos para poseernos y para, finalmente, entregarnos. En una palabra a lo que nos invita la vida es a que la vivamos, y vivir significa entusiasmo, amor por las pequeñas cosas.

 

¿Para quién? ¿Quién las ve? Para nuestra realización personal, para no ser resentidos y, por supuesto, para Dios que me ha creado para un fin.

Lo que uno desea no siempre es lo mejor para nosotros: hay que distinguir entonces entre “vivir mejor” y “mejor vivir”.

En síntesis: el vuelco hacia dentro de sí mismo, no es un ideal fantaseado, sino una estricta posibilidad práctica. El principal obstáculo para que lo realicemos es que no se le da importancia; casi ni se lo conoce. Siempre tiene prioridad algo más importante que está por suceder: terminar un negocio, concretar una unión, irse de viaje, volver de viaje, cobrar una suma de dinero, mudarse o lo que fuera.

 

Recién cuando eso sucede nuestro personaje podrá pararse a pensar, a sentir, a vivir. Así recuperamos la energía recién cuando nos conectamos en nuestro fondo. Las distensión nos permite ver la realidad bajo una luz menos agobiante, “hacer las paces” con el mundo y, por añadidura, con la vida misma. Además la posibilidad de contactarse con uno mismo permite sentir con nitidez lo que de verdad se desea y lo que no; y esa es la brújula que marca nuestro norte para recuperar la capacidad de entusiasmarnos.

 

Por lo tanto, no olvidemos: para recuperar el entusiasmo primero debe recuperarse uno mismo.

El sentido que tenga la vida para uno es sólo el modo como la vida se las ingenia para hacerse presente.

Vivir con entusiasmo es la mejor -o quizá la única- forma para que el sentido de la vida se nos revele y, aún más, que ese posible sentido se cumpla en nosotros.

 

 

 

Prof. Liliana Borzani.



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