Amigos y Esperanzas

Siguiendo nuestro camino hacia adentro, tratando de entender el sonido del alma, me gustaría reflexionar la importancia que tiene la amistad. Pocos la valoran, porque pocos la experimentan.

La amistad no es algo innato, no se da sin esfuerzo, hay que conquistarla. Ha de ser alcanzada y mantenida. La amistad necesita, en primer lugar, unos presupuestos desde los cuales desplegarse, y después, dice el profesor Millán Puelles “necesita tiempo”, de crecimiento, de esfuerzo, de ganarse la confianza del amigo, de hacerse dignos de él.

La amistad es, por lo tanto, un despliegue, un crecimiento; empieza por sentirnos solidarios porque somos iguales. La solidaridad es una consecuencia de nuestra semejanza con los demás. Por eso surge espontáneamente sin necesidad de pensar y no puede desaparecer por mucho odio que exista: el otro, la otra; son iguales a mí. Por lo tanto, la solidaridad entre unos y otros es una reacción o impulso natural.

La amistad es también fraternidad: todos somos hombres, descendemos de un tronco común. Somos porque somos hermanos. La fraternidad no es un ideal porque a mí se me ocurre, es nuestra situación inicial. Es un punto de partida, no de llegada. Somos hermanos solidarios, pero aún no somos amigos. Por eso dijimos que la amistad es una conquista, es un desarrollo en el que elijo al otro porque quiero, porque se me da la gana.

Como la amistad “necesita tiempo”, no se rompe fácilmente. Este es su primer carácter. Las amistades que se rompen con facilidad no son auténticas, son simples solidaridades.

La amistad si es verdadera aguanta, no se rompe por cualquier desacuerdo. Consiste en mantenerse amigos en el desacuerdo. El ideal de la amistad no consiste en estar de acuerdo en todo. Podemos coincidir en lo básico. Discrepar es saludable si se mantiene el diálogo.

Lo bueno es que a la realidad no le basta con la mirada de uno. Un par de ojos humanos no pueden agotarla. Lo que yo “veo” puede ser ampliado por otros. Esto simboliza que la amistad significa también compartir. Este carácter compartido de la amistad está muy bien expresado por C.S. Lewis: “los enamorados se miran cara a cara pero los amigos, en cambio, están uno al lado del otro, mirando hacia delante asombrados por algún interés común”.

Por supuesto que hay fases en el crecimiento propio de la amistad. La primera fase es la inmadura: la que se llama camaradería juvenil, es decir, compartir actividades que consisten principalmente enjugar y divertirse juntos. Pero la auténtica amistad madura con el tiempo. La vida con los años diversifica las circunstancias de los amigos, surgen situaciones nuevas, alejamientos, etc. y la vida del otro se vuelve diferente a la nuestra. Es en la fase madura donde el amigo nos interesa no sólo por lo que dice, sino por lo que es.

La amistad auténtica es comprender y compartir el sufrimiento y el goce del otro, y ayudarle en su tarea porque así maduran los amigos. La amistad es lealtad, es estar unidos en la adversidad y en la alegría, es asumir como parte nuestra la existencia del otro.

El segundo elemento de la amistad es el carácter de diálogo. Ante todo la amistad es conversar, hablar, intercambiar miradas, participar del saber del otro.

El amigo es la persona con la que se piensa en voz alta, con la que se habla sinceramente, sin disimulos. Además la amistad es ámbito de intimidad. Al amigo se lo introduce en casa. El lugar donde por fuera como somos por dentro. No es una visita, forma parte de nuestro hogar. El diálogo va del desacuerdo al intercambio de opiniones, al dejarse convencer única y exclusivamente si el otro tiene razón, si lo que dice es verdad. Eso es ser amigos.

El tercer elemento de la amistad son las energías que nos mueven a dialogar. Con   lo que el otro ve, añado a lo que he visto, incremento lo que veo y lo que asimilo lo devuelvo al otro. La amistad, entonces, amplía el radio de lo que a él le va.

El enemigo de la amistad es la falta de interés, la comodidad y la indiferencia. Por eso, la amistad moviliza, crea energías. Hoy esto se llama sinergia; la mayor sinergia es ser amigos.

El cuarto elemento es su carácter personal: sólo las personas pueden ser amigos ¿por qué?, porque sólo las personas pueden aportar novedades y oportunidades.

Aportar es poner algo nuevo; así la persona vive siempre en régimen de amanecer y no atardecer. Siempre puede dar más. Es la única manera de ser joven. Somos así, así de donales, quien regala algo no espera nada a cambio. El don es gratuito, por eso lo más opuesto a la amistad es la instrumentalización del otro. Si yo busco que el otro haga lo que a mi me conviene, lo estoy utilizando y así nuestra amistad llega hasta donde coinciden nuestros intereses, no va más allá.

Sin el otro no alcanzo a conocerme a mí mismo, para conocerme necesito expresarme y para expresarme he de manifestarme. Manifestarse es hablar, es ser escuchado y comprendido; eso exige que alguien me escuche. De manera que ser hombre, ser mujer es ser amigo de los demás de lo contrario nuestra vida quedará reducida a una realización ciega, ajena a los demás.

Hay que poner en juego la libertad y mezclarse con otros en tareas comunes. El camino de la felicidad pasa por el tú…el tú nos da esperanza porque me hace saber que existo, me registra. El hombre feliz que recibe y saca de sí.

Espero haberme conducido por el camino hacia adentro que mencioné al comenzar esta reflexión, de lo contrario habré perdido el tiempo, ya que es lo único que puedo comunicar.

 

 

Liliana Borzani



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