Los rasgos característicos de la gente feliz.

 ¿Dónde está la felicidad: en ser joven, en tener mucho dinero, en gozar de salud?

La felicidad consiste en tener un proyecto que se compone de metas como el amor, el trabajo y la cultura.

Supone la realización más completa de uno mismo, de acuerdo con las posibilidades de nuestra condición, esto es, hacer algo con la propia vida que merezca realmente la pena. De manera que la felicidad, vista así, no está relacionada tanto con factores externos tanto como con el propio carácter.

Que el dinero no puede comprar la felicidad resulta ser más que un tópico, pues el nivel de riqueza guarda una relación débil con la felicidad. La gente no se ha hecho más feliz al subir su nivel de vida. Es más, en algunos lugares como Estados Unidos, la proporción de personas “muy felices”  ha bajado de un 35% en 1960 a un 29% en la actualidad, pese a que en ese período se ha duplicado la renta por habitante. Además, los que han aumentado sus riquezas en los últimos 10 años no son más felices que quienes no han tenido esa suerte.

Hoy en día en esta sociedad postmoderna solemos confundir felicidad con bienestar. El bienestar, por su parte, representa para muchos la fórmula moderna de la felicidad: buen nivel de vida y ausencia de molestias físicas o problemas importantes, en una palabra, sentirse bien. En un lenguaje más actual diríamos también sentir “seguridad” (física, económica, etc.)

Esto es bien típico del hombre “light”; en él existe placer sin alegría, porque ha vaciado la auténtica alegría de su proyecto, lo ha dejado hueco, sin consistencia.

Lo light lleva implícito un verdadero mensaje: todo es ligero, suave, descafeinado, liviano, aéreo, débil y todo tiene un bajo contenido calórico. Podríamos decir que estamos ante el retrato de un nuevo tipo humano cuyo lema es tomarlo todo sin calorías.

Si estamos ante una vida -cóctel- devaluada, una mezcla de verdades oscilantes, una conducta centrada en pasarla bien y consumir, en interesarse por todo y, a la vez, no comprometerse en nada ¿qué hacer?

Hay que luchar por vencer la vida light, porque ésta conduce a una existencia vacua y volver a recuperar el sentido auténtico del amor a la verdad y de la pasión por la libertad auténtica.

Ambas son empresas difíciles que, cuando se consiguen, llenan de plenitud y uno se siente distinto cuando le invaden. La solución no será nunca degradarles y someterlos a nuestros caprichos sin esfuerzo ni responsabilidad. Esto es a lo que aludo cuando lo comparo con el alpinista: al escalar hay un duro trabajo hasta llegar a la cumbre, pero merece la pena. Porque si la vida se concibe como algo dulzón, blando o simplemente desde un punto de vista sólo placentero cometemos un error, pues ni eso es la vida, ni se puede interpretar así.

Entonces ¿dónde está la felicidad?

Primero: el feliz se compromete con la vida, está contento consigo mismo, tiene una elevada autoestima y se cree más ético, más inteligente, con menos prejuicios, mejor capacitado para tener éxito con los demás y con mejor salud que la media.

Segundo: el feliz dice poseer control sobre su vida, cosa que el hombre light no tiene, porque le falta norte, columna vertebral en donde erigir su vida.

Tercero: la gente feliz es optimista, que es distinto que buscar el placer por el placer.

Cuarto: la mayoría de los felices son extrovertidos. Si se compara al feliz con el insatisfecho, habría que añadir a estos rasgos que el feliz es menos hostil, menos abusivo y menos susceptible a la enfermedad, a estar a la defensiva con tal de pasarlo bien.

El hombre feliz sabe vivir puertas adentro porque sabe conocer y saborear humanamente a los que viven bajo el mismo techo, sabe que la felicidad se alcanza con una vida coherente. Todos buscamos la felicidad, pero pocos la conseguimos.

Es la meta máxima de nuestra conducta.

Para ser feliz, es necesario que la vida sea argumental y coherente. Cuando sabemos qué metas deseamos, el camino se inicia y las dificultades se superan. Entonces es cuando entra la voluntad que debe ser más fuerte que las adversidades.

De este modo pueden aprisionarnos, amordazarnos, pero nunca derrotarnos. En una palabra hay coraje, espíritu de lucha, tesón, firmeza en los objetivos.

La felicidad nunca es un regalo, hay que conquistarla y trabajarla con ilusión.

Coherencia, argumento, esfuerzo: una trilogía inequívoca para ser feliz a través del amor, el trabajo y la cultura.

Por último la felicidad es comparable a un rompecabezas en el que siempre falta alguna pieza, o también a una manta pequeña, que siempre deja al descubierto alguna parte del cuerpo.

 

Liliana Borzani.



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