La era de la Internet y yo.

Vivimos en un mundo en constante cambio, cambio de roles, valores, prioridades, paradigmas…pero el cambio en sí mismo es simplemente transformación y no conlleva error. El problema aparece al permitir que estas circunstancias degraden la calidad de nuestra existencia; ¿cómo es esto?, simple: se produce a medida que pasamos de un estado meramente contemplativo al de la acción de una forma casi inconsciente y, por tanto, equivocada. Entonces vamos de mal en peor porque en vez de cumplir con las etapas y ciclos de la vida, de comenzar, desarrollarnos y volver a empezar, en estos tiempos que corren hemos pervertido la sabia decisión de la naturaleza, manteniéndola atada a un solo momento: el del “movimiento constante” (o como lo llamamos desde hace ya varias generaciones “progreso”), el cual -debemos reconocerlo- se va marchitando cada vez a mayor velocidad.

Resulta imposible ignorar el ritmo vertiginoso de la vida a nuestro alrededor, la palabra estrés resuena a diario en nuestros oídos, al igual que las noticias de nuevos avances tecnológicos y descubrimientos científicos que ya no nos maravillan tanto, puesto que recibimos cualquier novedad con la desesperanza de quien sabe que lo que hoy es nuevo e increíble mañana será refutado por algo aún más nuevo e increíble, convirtiendo a la versión anterior en algo completamente obsoleto y aburrido.

Nuestros mayores –puedo asegurarlo- jamás habrían tenido que visitar al médico o faltado al trabajo por un simple cuadro de “estrés laboral”, tales palabras no existían -ni con mucho- en su vocabulario cotidiano. Hoy en día, sin embargo, son la comidilla del mundo entero. Muchos factores contribuyen a que esto sea así: la famosa globalización, que designa principalmente a las telecomunicaciones y a la tecnología que las hace posibles, entrañando un fenómeno bastante difícil de definir al sumar todos estos factores, porque abren puertas y traen a la realidad cosas con las que antes no se podía aún soñar, pero a la vez permiten que los males se extiendan junto a ellas, en el mismo grado y velocidad.

Tales son los hechos de la actual situación mundial, en la cual, como decíamos, se han filtrado también juntamente con los beneficios y bondades de este comercio sin fronteras muchas problemáticas que incluyen la salud, la pobreza y la guerra. No todo son rosas cuando hablamos en estos términos sobre lo que ha traído aparejado este salto a la era de la Internet.

No hay que desesperarse, Tácito decía que todo lo que no es conocido se tiene por magnífico y aquí cabría agregar que, por lo general, si no produce ese asombro o embelesamiento,   sí suele producir miedo o al menos inquietud.

No obstante, dado que aquí donde nos paramos apenas podemos vislumbrar siquiera donde comienza este nuevo mundo moderno y sin horizonte, difícilmente podamos decir que nos resulta enteramente conocido pero no por ello hemos de dejar de enfrentar cada día sus artificios a fin de poder finalmente domeñarlos.

 

Ezequiel R. Ilieff



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