“Pinturas Rupestres” (cuento)

En la pequeña localidad de Soldini, ubicada a unos diez kilómetros de Rosario, se produciría uno de los más importantes hallazgos arqueológicos de las últimas décadas.

El veinte de enero de dos mil cuatro, un grupo de científicos Alemanes encabezados por el biólogo Adolf von Bunsen (antepasado del inventor de los quemadores), llegó a Soldini con el propósito de investigar la paloma torcaza.

Según Bunsen, las corrientes de aire que genera el histérico aleteo del vuelo de las bandadas del mencionado animal, tiene una influencia fundamental en las corrientes de aire frío provenientes del polo sur, haciendo que estas tomen mayor intensidad, y provocando así una descompensación con las provenientes del polo norte, derivando esto en la creación de corrientes que originan los huracanes que últimamente azotan América central.

Resultó tan importante el hallazgo de semejante descubrimiento arqueológico (comentó emocionado Bunsen) que nos desvió de lo que era nuestra investigación original.

Al día siguiente de su llegada a la pequeña localidad, los científicos partieron rumbo al denominado “monte de Mareli” lugar en el que según las fotografías satelitales se hallaba la mayor concentración de bandadas de las conflictivas aves. Acompañados por un lugareño, que aceptó hacer las veces de guía a cambio de una cajita de vino tetra brik, partieron 8:00 AM hacia el lugar.

Aquel primer día de investigación (comentó el jefe de comunicaciones) pudo ser un total fracaso, de no ser por el valioso aporte de unos niños del lugar que cazaban con gomeras, y que contradiciendo la información satelital nos aconsejaron en un castellano algo extraño “mirá si so huevone el monte Mareli esta pelao, la paloma están en lo Rossi”.

La afirmación de los pequeños depredadores fue acertada, y luego de instalar el campamento y las antenas de comunicación, comenzaron con las investigaciones.

La investigación iba sobre ruedas, (nos contó con cierta ironía una de las asistentes de Bunsen) hasta que llegó la noche del sábado. Fue cuando llegaron al lugar gran cantidad de autos con parejas de enamorados.

Entrada la noche, y en ocasión de estar investigando la procreación (de las torcazas), el guía, un tanto beodo, cayó en un profundo pozo.

La reacción del grupo fue rápida y eficaz (nos comentó el encargado de comunicaciones) en cuestión de minutos teníamos a uno de los nuestros descendiendo al pozo, en el que se hallaba Belisario, algo maltrecho pero bien de ánimo “qué, me querés matar” dijo nuestro guía al improvisado rescatista que le ofreció agua, “dame un trago de tinto”.

Ese fue el comienzo del gran hallazgo. Luego de perimetrar la zona, se entregaron al descanso, con la intención de al día siguiente investigar la extraña cueva.

Enorme fue la sorpresa del grupo, al constatar la profundidad y dimensiones del pozo. Lo que en un primer momento parecía solo un pequeño hueco, era una caverna de unos trescientos metros cuadrados. No obstante esto no fue lo que más impactó a los científicos, sino el hallazgo de restos óseos humanos.

Deslumbrados por tan importante descubrimiento, pero concientes de la responsabilidad que esto implicaba, realizaron una rápida pero eficiente planificación de las investigaciones. En primer lugar, fotografiaron y filmaron la caverna, y los restos óseos. Estos se hallaban en perfecto estado de conservación. Eran siete, seis a unos treinta centímetros de la pared, y el restante a un metro de ellos. En la pared lateral se encontraba lo que el grupo sabría horas después, eran las pinturas rupestres más antiguas y extrañas conocidas por humanidad. Dichas pinturas mostraban a los antiguos pobladores en las más diversas prácticas, caza, pesca, recolección de frutos, reproducción.

_Ante semejante descubrimiento (confesó Bunsen) nos sentimos un tanto sobrepasados, pues además de no ser nuestra área nada hacía presumir su magnitud, pero eso no fue todo, lo más interesante del descubrimiento vendría después, de la mano de Belisario, quien nos abrió la caja de Pandora de nuestro hallazgo. Nos encontrábamos tan entretenidos recogiendo muestras, que no le dimos demasiada importancia a Belisario, al que vi muy inquieto desde la llegada a la cueva. Caminaba de un lado al otro, en una actitud extraña, con las piernas muy juntas. En ocasiones se agachaba, y en cuclillas se apretaba el estómago.

Fue cuando lo perdí de vista que me preocupé por él, pensé que podía estar descompensado por la caída del día anterior. Salí a buscarlo. Luego de un rato, lo encontré detrás de una gran piedra, en uno de los tantos recovecos de la cueva. Azorado, vi como nuestro guía defecaba en cuclillas, y tal como lo hizo su antepasado, descubrió (no tenía papel higiénico) ante tal carencia lo que sería la primer pintura.

Recuerdo mi graciosa actitud ante aquella idea. Salí del lugar corriendo y gritando “con mierda, pintaban con mierda”.

Ante la magnitud de la teoría, el equipo se abocó a la tarea de constatarla o refutarla. Se tomaron muestras, y mediante el espectrómetro de masa, se comprobó su veracidad.

Estudios posteriores dieron a los científicos, una idea más clara del lugar y las actividades que se realizaban en la cueva. Una excesiva acumulación de calcio en la primera falange del dedo índice de los esqueletos encontrados, dio la pauta de que éstos lo utilizaban a modo de pincel, y una leve deformación de la rótula, así como también cierta curvatura de la tibia, les manifestó que realizaban dicha actividad en cuclillas, al tiempo que se proveían del preciado pigmento. Este era modificado por ellos mediante la planificación de sus alimentos, (remolacha el rojo, zanahoria el naranja ) obteniendo así gran cantidad de colores. Estos datos nos hacen suponer que en esta cueva funcionaba un atelier de pintura.

A raíz de este descubrimiento, Bunsen fue premiado por la asociación mundial de antropólogos, con el “Fémur de Plata”, la distinción más alta que otorga la entidad.

El equipo de científicos, luego de comprobar que la teoría de Bunsen sobre la paloma torcaza era falsa, permaneció en Soldini investigando otra hipótesis “el movimiento de los autos en el monte de Rossi, y su influencia sobre le crecimiento de la falla de San Andrés”.

Belisario continúa haciendo las veces de guía en “las cuevas de Soldini” que se han convertido en una de las mayores atracciones turísticas del país, y por otra parte dicta conferencias (auspiciado por bodegas y viñedos “El arriero”) en las más importantes universidades del mundo.

 

Facundo Lucas



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