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Buscan ajustar políticas oficiales para rescatar al cinturón verde de la región

 

Sectores, organismos técnicos oficiales y dependencias municipales exploran estrategias de apoyo. La presión de la soja y los emprendimientos inmobiliarios tienen en jaque a la producción hortícola. Una cadena con muchos puntos débiles.

 

La desaparición de los anillos verdes que rodean a las ciudades y pueblos de la provincia avanza al mismo ritmo que el monocultivo de soja y los proyectos de los desarrolladores inmobiliarios.

durante los últimos diez años, se evaporaron el 30% de los productores frutihortícolas del gran rosario, hundidos en un deterioro de laquinta actividad que se traduce en pésimas condiciones laborales, falta de controles por parte del estado, caída de la calidad y precios finales recargados para el consumidor, que paga de su bolsillo el costo del flete que implica traer a las góndolas locales frutas y verduras que cada vez se producen más lejos.

 

Según señalaron diferentes actores oficiales durante una reunión organizada por la Secretaría de producción local, el enflaquecimiento del cordón frutihortícola está atado, en primer lugar, al boom sojero, que empujó la frontera agropecuaria hasta las orillas de las ciudades y derivó en la transformación de muchos ex productores en rentistas.

A eso se le sumó la presión imparable de los loteos en la periferia rosarina, que con Roldán como emblema de “desastre inminente” (según un funcionario de la provincia) se propagaron como musgo en terrenos casi nunca aptos para crear miniciudades de la nada.

 

Tan destartalado está el sistema huertero que, según un relevamiento del INTA, el 40% de la lechuga y el 20% del tomate que se produce en el gran rosario no se puede vender en las verdulerías de la ciudad por las pésimas condiciones de almacenamiento y transporte que atraviesan en su corto camino de la quinta al minorista. El desperdicio de verdura está “naturalizado” por los productores y verduleros, y cae derecho sobre el bolsillo de los consumidores.

La semana pasada, un grupo de funcionarios de la municipalidad, del gobierno provincial, del INTA, del Senasa, de la comuna de Soldini y de otras instituciones se juntaron en rosario para encontrar posibles respuestas a un diagnóstico compartido: la mala coyuntura del cinturón verde rosarino.

 

Todos destacaron la escasa calidad y cantidad de la mano de obra disponible en las huertas y la poca o nula planificación y control de los cultivos que realizan los huerteros, lo que explica en buena parte las enormes fluctuaciones de stocks y precios de la mercadería, que se trabaja casi al día a día como respuesta inmediata a la demanda.

La mayoría de los productores, según relataron los expertos del INTA Alejandro Longo y Rodolfo Grasso, ni siquiera se consideran a sí mismos como empresarios, sino más bien como productores/comercializadores “sui generis” que siguen la demanda y los precios jornada tras jornada.

 

A esas falencias de base hay que agregarles enormes dificultades en la comercialización, deficiencias operativas y logísticas, y la inexistencia de reglas claras para el control de calidad de la mercadería.

A las grietas grandes que presenta el sistema de producción se le suman las debilidades de las políticas oficiales hacia el sector.

Roberto LLanes, el coordinador del programa alimentario de la Secreta-ría de producción municipal, trazó un panorama crudo respecto a algunas prácticas cada vez más comunes entre los huerteros respecto a los agroquímicos, que se utilizan sin protección y se almacenan peor. “Se detectó incluso la venta de productos sueltos, sin rastreabilidad posible y por oído”, señaló.

Otro relevamiento presentado fue el del INTA, presentado por Grasso y Longo, sobre la base de los resultados del “Proyecto Hortícola de Rosario”, que se lleva adelante desde 1994. En ese marco armaron una encuesta a productores medianos y pequeños, mayoristas, industriales, minoristas y referentes de la cadena.

 

Los productores de pequeña escala mencionaron entre sus principales preocupaciones la aparición de plagas y enfermedades; el desconocimiento de los cultivos; la falta de riego; los altos costos; la escasa calidad y cantidad de mano de obra disponible; la falta de conocimientos técnicos; y la poca o nula planificación y control de los cultivos. También se quejaron de las dificultades y los costos de la comercialización.

 

Los productores más grandes, que rotan cultivos de quinta con otros de tipo extensivo (papa, acelga, espinaca, choclo), trazaron un panorama parecido en cuanto a las dificultades que enfrentan.

Los mayoristas, por su lado, re-clamaron más y mejor infraestructura de frío en los mercados, más logística, mejorar la tipificación de los productos, transparentar la poca o nula información sobre precios, y mejorar los controles sobre los compradores a través de algún sistema parecido al Veraz.

 

La industria se quejó por la política cambiaria, la falta de mano de obra y la escasa calidad de la materia prima. También criticaron las muy difíciles negociaciones con las grandes cadenas agroalimentarias.

Por último, también dijeron su parte los minoristas, en su enorme proporción los verduleros de la ciudad. En este punto aparece el problema de los altos daños y pérdidas poscosecha que se producen en toda la cadena, y que llegan a un increíble 40% en el caso de la lechuga y a un 20% para los tomates.

 

Loteo mata lechuga

 Sergio casado, director provincial de desarrollo territorial, aseguró que “el problema de fondo es es-tructural”, ya que se trata de un mercado sin transparencia donde transita mano de obra con escasa o nula capacitación. “es difícil porque un buen porcentaje de productores eligieron ser rentistas por los altos precios de la soja, y se trata de un sector con prácticas informales muy arraigadas”, dijo.

 

En ese punto, destacó la importancia de planificar y volver a hacer planes de extensión. “Hay que volver a bajar a los territorios, juntarse con la gente que trabaja allí, y armar planes con cada uno de los actores de las localidades”, dijo, así como delimitar muy claramente los límites de cada una de las comunas “para que no pase lo que está pasando en Roldán”.

“Lo de Roldán es un desastre que como provincia se nos está por venir encima en cualquier momento”, afirmó en referencia a los megaloteos privados que crecieron como yuyo con el visto bueno de los jefes comunales.

 

Proponen un enfoque territorial para la actividad

 Ante un escenario complicado y con pronóstico reservado, una de las líneas de acción que más promete es la del enfoque territorial de la problemática frutihortícola. Rubén Lo presti, el secretario de la producción y desarrollo Sustentable de Soldini, pidió un cambio en las políticas públicas y una readecuación a miradas más territoriales para poder así

“ir en contra” de la concentración del sistema de toma de decisiones. “Precisamos que las comunas generen ordenanzas juntas, y a la par, para ordenar los cinturones verdes y poder así pensar mejor, desde una perspectiva de territorio comunal, el ordenamiento productivo que necesitamos”, señaló.

 

 El funcionario destacó que las comunas necesitan más herramientas y mejor información para modificar sus propias realidades. “Es urgente delimitar ya mismo los cinturones verdes porque se los están comiendo los negocios inmobiliarios, y el uso del aire, del agua y del suelo necesitan propuestas en común”, dijo.

 También precisó que, desde ese gobierno comunal, están elaborando una propuesta de marca comunal “Soldini” que opere como una garantía de calidad y de trazabilidad de los productos elaborados en esa zona.

 

Antonio Lattuca, coordinador del programa de agricultura urbana de rosario, también resaltó la falta de políticas de orientación, como demuestra el hecho de que en la encuesta del INTA ningún eslabón de la cadena habló de la necesidad de mejorar la calidad del suelo.

El funcionario criticó “por viejo” el modelo de comercialización, y compartió con Lopresti la necesidad de implementar enfoques territoriales: “En todos los países se trabaja cada vez más con lo local, y eso acá desaparece para traer alimentos que se podrían hacer acá de 600 kilómetros de distancia”. También insistió en revalorizar el oficio de huertero.

 

Jorgelina Hiba
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Fuente: Lacapitl.com.ar



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