La unión hace la fuerza.

En un caluroso atardecer de primavera y ya concluida la tarea diaria que realizamos con tanto cariño, a pesar del gran esfuerzo que ella implica, porque amamos el campo, la naturaleza toda, ella nos prodiga una parte de la razón de nuestro vivir, con su existencia siempre cambiante llena de altibajos pero sin claudicaciones. Es nuestro ejemplo más palpable, nuestro deleite y nuestra admiración.

Caminando entre los surcos cargados de esperanza, observando el horizonte aquel viernes de octubre en que nos sobrecogió ese cielo amenazante que venía cubriendo velozmente el cotidiano azul; rápidamente se agolparon en nuestras mentes los recuerdos de otros tiempos que nos tocó vivir llenos de amargura y desesperanza, rabia e impotencia cuando ese noviembre de 2006 se oscureció el cielo y las ráfagas veloces del viento arrasaron con todo a su paso, tanto en el campo como en la ciudad, con la violencia de la copiosa lluvia y el aplastante granizo, una trilogía de horror inolvidable.

Rápidamente nos pusimos al resguardo ante la acechanza de un nuevo e inesperado fenómeno atmosférico, y llegó raudamente con la misma furia de casi un año atrás. Esa furia implacable, sin piedad, nos dejó sin la sombra de añosos árboles que nos rodeaban. Esa noche nos dejó sin luz y sin teléfono a la mayoría de los que habitamos este pueblo. Y así como llegó se fue, raudamente, dejando amargura y desolación.

Pero eso ya pasó, y gracias a la solidaridad y organización de nuestras fuerzas vivas comunales y de la coop. de electricidad, pude restablecerse rápidamente el orden, ya que en todo momento estuvieron a nuestro lado, sin retaceos, prodigando a cada vecino el apoyo que era necesario.

Ante la visión del futuro cargado de no muy buenas perspectivas climáticas para aquellos que ponemos nuestra esperanza en el agro, ya sea pequeños, medianos o grandes emprendimientos, nos sugieren algunas reflexiones: sabemos que hay muchos emprendedores agrícolas que se atrevieron a desafiar climas y suelos, para probar nuevos cultivos, por ello sería conveniente trabajar zonalmente en comunicación con otros productores, experimentar nuevos logros, conversar sobre la tolerancia a las sequías en ausencia de lluvias generosas para conservar la humedad del suelo, como soportar heladas de invierno, charlar sobre plagas y propiciar leyes que protejan la sanidad vegetal, al mismo tiempo la salud humana con recursos naturales para evitar la contaminación ambiental y de los alimentos, con el loable y superlativo propósito de crear en cada área de cultivos, diversos y mancomunados esfuerzos a fin de lograr finalmente productos uniformes y de gran calidad.

 

 

Oscar Rodríguez



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